El presidente de Yemen, Mansur Hadi (centro), de la mano del príncipe heredero de Emiratos Árabes Unidos, Mohamed bin Zayed al Nahyan (izda.) y del príncipe saudí, Mohamed bin Salman (dcha.), tras firmar el Acuerdo de Riad.
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Los separatistas del sur de Yemen y el Gobierno apoyado por Riad firman un acuerdo de reconciliación

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Tras tres meses de encarnizadas escaramuzas, los separatistas del sur de Yemen y el Gobierno reconocido por la comunidad internacional han sellado este martes la paz. Un intento, aún incierto, de cerrar una página de la laberíntica guerra que desde 2015 sufre la nación más pobre del Golfo Pérsico, escenario de la lucha regional entre emiratíes, saudíes e iraníes.

La reconciliación, jalonada por semanas de especulaciones, se ha firmado durante una ceremonia celebrada en Riad y retransmitida por la televisión saudí. “El acuerdo abrirá un nuevo periodo de estabilidad en Yemen. El reino de Arabia Saudí está con vosotros”, ha declarado el príncipe heredero saudí Mohamed bin Salman, que ha ejercido de anfitrión y principal hacedor de un pacto que ha requerido semanas de conversaciones.

El conflicto que el bautizado Acuerdo de Riad trata ahora de enterrar estalló el pasado agosto en la sureña ciudad de Aden, el cuartel del Gobierno reconocido internacionalmente. Los separatistas reunidos en torno al Consejo de Transición del Sur -entrenados y financiados por Emiratos Árabes Unidos- rompieron con su hasta entonces socios -el Gobierno del presidente en el exilio, Abu Rabu Mansur Hadi, respaldado por Arabia Saudí- y tomaron el control de la urbe. Los enfrentamientos se cobraron decenas de vidas y provocaron cientos de heridos.

No han trascendido, de momento, los detalles del pacto pero fuentes conocedoras avanzan que incluye el cese de las hostilidades, una remodelación ministerial que dará entrada a los separatistas -nostálgicos de la independencia del sur y marginados hasta ahora en el Gobierno y las mesas de negociación con los hutíes- y la integración de las tropas separatistas en el aparato de seguridad gubernamental.

OPORTUNIDAD PARA UN PROCESO NACIONAL
“El acuerdo es importante porque debe evitar el escenario de una nueva guerra civil dentro de la guerra civil y abre la oportunidad para un proceso político a nivel nacional”, explica a EL MUNDO.es Peter Salisbury, especialista en Yemen del International Crisis Group. “No hemos conocido los detalles exactos, por lo que resulta complicado evaluar sus méritos, pero la expectativa en general es que el acuerdo no durará y la ventana de oportunidad es bastante estrecha”, agrega.

El progreso, tras meses de parálisis en el sur de Yemen, ha sido aplaudido por el enviado especial de la ONU en Yemen, Martin Griffiths. “Es un paso importante en los esfuerzos colectivos para avanzar en un desenlace pacífico al conflicto en Yemen”, ha manifestado en un comunicado quien trata de impulsar un acercamiento entre el sur y el grupo rebelde chií de los hutíes, que controla el norte del país desde hace un lustro, y mitigar la que la ONU considera “la mayor crisis humanitaria del planeta”.

El acuerdo, esbozado en reuniones mantenidas en la ciudad saudí de Yeda y cuyo contenido fue avanzado hace semanas por el ‘Wall Street Journal’, contempla la formación de un Ejecutivo integrado por 12 ministros procedentes del norte y otra cifra idéntica de oriundos del sur. El principal objetivo buscado por los negociadores saudíes ha sido evitar la ruptura definitiva del país, dividido “de facto”, y la vuelta de los separatistas al redil de un presidente cuestionado y sin fuerza real sobre el terreno.

En las últimas semanas, anticipándose a la firma final, las tropas saudíes han tomado el control de Aden ante la retirada de las fuerzas emiratíes. Un movimiento que ha tratado, además, de lanzar una imagen de cohesión en la coalición forjada por Riad en 2015 para tratar de derrotar a los hutíes, que aún controlan Saná y los principales núcleos urbanos del país.

UNIDOS CONTRA LOS HUTÍES
Unidos por su rechazo a los hutíes y su asalto a las instituciones en 2014, los separatistas y los afines de Hadi sostienen agendas opuestas sobre el porvenir de la nación más pobre del golfo Pérsico. Hadi y su Ejecutivo -que goza de escasas simpatías entre la maltratada población local- ansían recuperar el control del norte y mantener el país unificado.

En cambio, el movimiento separatista reivindica la recuperación de la independencia de las provincias del sur del país (Aden, Lahech, Shebua, Al Dalea y Hadramut). Desde 1967 hasta 1990 el sur de Yemen fue un Estado independiente bajo la denominación de República Democrática Popular del Yemen, afín a la Unión Soviética.

La unificación, presidida por el fallecido Ali Abdalá Saleh, no detuvo sus reclamaciones. Las denuncias de corrupción, fraude electoral y hegemonía del norte alentaron la guerra civil de 1994, que concluyó con la derrota sureña y una amplia purga. Desde entonces, la discriminación del norte hacia al sur ha mantenido viva la llama, alimentada también por el caos en el que permanece sumido el país.

Las intensas refriegas que irrumpieron en el callejero de Aden, escenario de otro conflicto interno a principios de 2018, tuvieron como detonante la acusación lanzada por los separatistas de que Islah, un partido islamista próximo a los Hermanos Musulmanes y aliado de Hadi, cooperó en el ataque con misiles que los hutíes firmaron el pasado 1 de agosto contra un desfile militar de sus tropas en Aden cobrándose más de un treintena de vidas.

El presidente de Yemen, Mansur Hadi (centro), de la mano del príncipe heredero de Emiratos Árabes Unidos, Mohamed bin Zayed al Nahyan (izda.) y del príncipe saudí, Mohamed bin Salman (dcha.), tras firmar el Acuerdo de Riad.

Fuente: Los separatistas del sur de Yemen y el Gobierno apoyado por Riad firman un acuerdo de reconciliación. 

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